Formación Superior y emprendimiento, una alianza estratégica para el desarrollo
Para el crecimiento sostenible y más justo de las regiones es necesario reunir en una misma balanza a la juventud, las competencias y el emprendimiento. Pese a la desaceleración de la economía y las limitadas oportunidades de emprendimiento que se tienen a la orden del día, los expertos consideran de vital importancia el proporcionar más competencias y habilidades a los estudiantes desde la educación superior.
El emprendimiento se convierte en el vehículo en el que se mueve el potencial de los jóvenes para que utilicen y desarrollen su talento y energía en proyectos innovadores, promoviendo consigo la generación de empleo, el desarrollo económico y social de un país.
En este sentido, las instituciones de educación superior deben actuar como eslabones indispensables para estimular y desarrollar las ideas que se gestan al interior de las aulas de clase y que son potencialmente útiles en el ámbito comercial. La educación superior tiene la responsabilidad de equipar a sus estudiantes con los conocimientos básicos y habilidades necesarias para estimular y potenciar sus mentes creativas.
Así las cosas, las universidades e instituciones técnicas tendrán que fortalecer lo relacionado con las competencias suaves, es decir, las capacidades de asumir riesgos y gestionarlos, adoptar actitudes propositivas y alimentar el trabajo en equipo. Tendrán que proveer a sus estudiantes de ciertas habilidades de modelos de negocio como saber vender y saber ejecutar, aspectos fundamentales en la educación para el emprendimiento cuya mentalidad se ejercita puramente con la práctica.
Especialistas internacionales consideran que una de las formas más efectivas para alcanzar las metas esperadas en los estudiantes, es la realización de concursos y talleres mediante los cuales se inventen empresas y se logren experimentar los obstáculos a los que se enfrentan en la vida real, con problemáticas de personal y de finanzas. Ubicarlos en diferentes contextos ayudará a aterrizar sus ideas y poner en marcha sus proyectos.
En resumen, el cambio sugerido por los conocedores no se orienta a nuevos planes de estudio, sino a la forma de enseñar ejercicios y pruebas que tendrán que realizar y superar los estudiantes que les permita testear la realidad aplicando creatividad y entusiasmo.
Alcanzar los estándares educativos juega un papel fundamental en los estudiantes quienes tendrán que contar con múltiples posibilidades que permitan expandir sus capacidades, desarrollar habilidades y destrezas necesarias para aplicar en pleno siglo XXI, las que se verán reflejadas en la competitividad y el crecimiento del país a través de dos vías, la primera de ellas elevando la productividad de la fuerza de trabajo y la segunda potenciando el desarrollo de áreas de mayor valor agregado.
Expertos indican de acuerdo con su experiencia que la implementación de una cultura emprendedora sólida en el país requiere dar un primer paso, y es incluirla en todos los niveles educativos, para así lograr insertar dentro de la formación humana el emprendimiento como un motor adicional de desarrollo. En términos generales las universidades a través de sus programas de estudios y de sus prácticas profesionales y ejercicios tendrá la responsabilidad de educar a los líderes cuyas capacidades les permitirán anticipar, iniciar y manejar el cambio, en un clima de emprendimiento, creativo y analítico. Con una orientación hacia el perfeccionamiento continuo y la responsabilidad social.
